Una tarjeta con chip. El otro apoya su celular y se abre tu ficha: no hay app que instalar ni nada que bajar. Si te deja sus datos, entra como lead en el CRM con la etiqueta del evento donde lo conociste.
Sin app y sin bajar nada, ni de tu lado ni del suyo. Se apoya el celular sobre la tarjeta y la ficha se abre sola.
En un paso se lleva tu contacto y te deja el suyo. No es sólo bajar una tarjeta: es un intercambio, y por eso los datos van para los dos lados.
Desde la misma ficha puede abrir un WhatsApp o un mail con el mensaje ya escrito, sin copiar ni tipear nada.
La tarjeta no es sólo una tarjeta: es la puerta de entrada al CRM.
Cuando la persona deja sus datos, el contacto se crea en el CRM con la etiqueta del evento — por ejemplo, la ronda de negocios en la que lo conociste. No hay que cargarlo después a mano ni transcribir tarjetas de papel.
Al terminar el evento se sabe cuántos escanearon la tarjeta y cuántos de ésos dejaron sus datos. Dos números que hasta ahora no existían.
Preferimos contarte los límites de entrada, porque hay uno que cambia cómo se usa la tarjeta.
El punto que más se malinterpreta: bajarse una vCard es una descarga, no un formulario. Quien se la baja no queda identificado. Si querés el contacto de la otra persona, el camino es el intercambio — y por eso está a un solo toque en la misma pantalla.
Mucha gente en poco tiempo y ninguna forma de saber a quién se le habló. Con la tarjeta, cada contacto que quiso dejar sus datos ya está adentro del sistema cuando volvés.
Cada reunión queda etiquetada con el evento, así después se sabe qué salió de esa ronda y qué salió de la otra.
Apoyás tu celular, ves la ficha, hacés el intercambio y mirás cómo el contacto aparece en el CRM. Sin compromiso.
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